Jaime Fernández, premio Personalidad del Año 2015 de Adece (Alianza de escritores y comunicadores evangélicos)

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Jaime Fernández, premio Personalidad del Año 2015 de Adece (Alianza de escritores y comunicadores evangélicos)

Escritores y comunicadores evangélicos se reunieron en Madrid bajo la convocatoria de Adece, alianza que celebraba su séptimo encuentro anual, en un intenso fin de semana de formación y reflexión en torno a la comunicación en sus diversas formas. Destacó en el marco del encuentro la entrega del Premio Personalidad del Año, concedido al escritor evangélico Jaime Fernández Garrido.
Jaime Fernández expuso una conferencia sobre el tema “Hablando de Dios a un mundo que no cree”. “Me he tomado la libertad de cambiar el título, porque para mí el problema no es que no creen, sino que no conocen a Dios”, dijo el comunicador gallego.
“DEBEMOS SALIR DE LAS CUATRO PAREDES” Haciendo énfasis en la labor de comunicación del evangelio, Jaime Fernández remarcó que “el mayor enemigo del verdadero evangelio es la religión. Esto no es algo que haya dicho Marx o Nietzsche, sino el mismo Jesús”. Desarrollando esta idea, insistió en cómo en las iglesias se ha perdido la perspectiva de un Dios lleno de creatividad y belleza. Esta falta de amor a Dios, explicó Fernández, está en la raíz de ese desconocimiento en la sociedad y como consecuencia, su falta de fe. Según un estudio reciente a nivel mundial, recordó el premiado, “los que no creen en Dios, casi en su totalidad, no creen por dos motivos: o bien por el problema del mal en el mundo, o por el testimonio de las personas que dicen creer en Dios y viven sin reflejar ninguna diferencia”. Para Jaime Fernández hay un problema en el cristianismo cuando este se acomoda “a seguir una religión, en la que las personas adoran a Dios durante una hora y media el domingo para olvidarlo durante toda la semana”. Por eso, desafió a los presentes a “salir de las cuatro paredes”. “A la sociedad que no conoce a Dios, debemos ir a donde ellos están. Eso es lo que Jesús dijo”, insistió el director del programa evangélico Nacer de Novo (TVG). Porque “la religiosidad al final es lo que acaba matando el evangelio. Nos ha ocurrido después de la Reforma. Cuando dejamos de amar al Señor, caemos en la religiosidad”, comentó.

UN EVANGELIO TRANSFORMADOR El impacto del evangelio no es sólo individual, argumentó Fernández. “La gran mayoría de las libertades de las que disfrutamos fueron gracias a personas que vivieron apasionados por el Señor. Se dieron cuenta del poder del evangelio, porque es la verdadera revolución”. Para salir de esa religiosidad, Jaime Fernández considera que los creyentes deben “aprender a disfrutar de Dios y de su belleza”, porque “la mayor parte de nuestros problemas empiezan cuando dejamos de ver la belleza de Dios”. “Dios es el Dios de la imaginación, de la belleza, del buen humor”, también de “la creatividad”. Por eso “todas las artes son un regalo de él” y formas de comunicar “su belleza a todos”.

CRISTIANISMO Y ABURRIMIENTO, “INCOMPATIBLES” “Necesitamos proclamarlo. Contarle a la gente que es un Dios de compasión”, agregó. Un Dios cuyo principal mensaje es “una buena noticia”. “Jesús estaba lleno de gracia y de verdad. Pero nosotros nos hemos dejado la gracia. Debemos aprender a defender la verdad con un abrazo al corazón”, expuso. Para ello, es necesario recordar que “ninguna persona del mundo es nuestro enemigo”. El desafío a vivir una vida cristiana íntegra es un llamado “a vivir con pasión, y así comprobaremos que “aburrimiento y cristianismo son polos opuestos”. Para Jaime Fernández, la sociedad postmoderna actual reclama tres aspectos: por una parte “las personas necesitan ver la verdad que estamos proclamando”, no sólo oirla. En segundo lugar “quieren participar, ser parte”, lo que en las iglesias “podemos ofrecer” de forma natural. Por último, “necesitamos celebrar” juntos, y no hay mayor motivo para celebrar “que el conocer el amor de Dios”. Así como “la sociedad está sedienta de gracia”, también los creyentes “dependen de ella”.  Como conclusión, Jaime Fernández expresó que “somos canales y por tanto, vivamos derrochando la misma gracia que Dios nos ha dado a nosotros”.

Fuente de información Protestante Digital

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