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¿Hay alguien ahí?


Autor : David Galcera

Editorial Cristiana : Editorial CLIE


La existencia de Dios, sin duda, el tema por excelencia: el tema, no sólo de un libro, sino del ser humano. ¿Hay alguien ahí?

El ser humano siempre se ha preguntado si hay alguien ahí fuera, un ser trascendente que dé sentido y propósito a su existencia.

En el presente libro, el autor no pretende hacer una demostración determinante para probar la existencia de Dios, sino presentar los argumentos que podemos esgrimir los que creemos en la existencia de un ser supremo manifestado corporalmente en Jesucristo y que nos ha dejado su mensaje mediante las Escrituras. Pero esta empresa se lleva a término asumiendo los presupuestos desde los que parte el autor así como abordando las ideas contrarias o distintas y los presupuestos de los que parten. El autor rechaza así tanto el ingenio evidencialismo que pretende demostrar la existencia de Dios como si de una verdad científica se tratara, como el presuposicionalismo que no admite la posibilidad de diálogo entre el creyente y el que parte de una cosmovisión distinta. El cristianismo es razonable y comunicable, pero no podemos olvidar que en último término el conocimiento de Dios parte de la iniciativa divina mediante la asistencia de su Espíritu.

Este libro debe servir, pues, como aprendizaje en la afirmación de la Verdad y en el diálogo. Los temas seleccionados no son todos los posibles, pero pretenden situar al lector en los debates e iniciarlo en su profundización. Esperemos que este libro sea, como lo ha sido para el autor, sólo un punto de inicio en el que la asunción de la propia ignorancia sea un acicate para que el creyente no sólo tenga inquietudes, sino también convicciones.

SKU: http://www.amazon.com/¿Hay-alguien-ah-existencia-Pensamiento/dp/8482674994/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1432418522&sr=1-3&keywords=¿Hay+alguien+ah. Categoría: .
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Descripción del Producto

A la hora de escribir un libro sobre los debates en torno a la existencia de Dios, el autor no puede por menos que intentar justificar varias cuestiones previas. En primer lugar, ¿a quién va dirigido este libro? Este libro va dirigido a aquellas personas que son cristianos, pero especialmente a aquellos creyentes interesados en reflexionar y profundizar en su fe. Uno de los mayores problemas del cristianismo de nuestros tiempos es que hay muchos creyentes con inquietudes, pero pocos creyentes con convicciones. Pero este libro también está abierto a aquellos que no son cristianos, pero tienen curiosidad en la fe y quieren pensar e investigar al respecto. Sería el mejor éxito que este libro sirviera para que algunos pudieran llegar a interesarse más en el conocimiento de Dios.

De manera singular, el autor de este libro ha tenido en cuenta a quienes han realizado cursos universitarios con una formación humanística, en el sentido amplio del término. Esto es especialmente claro en la primera parte del libro, donde muchos de los temas tratados suponen el temario de Filosofía e Historia de la filosofía de los planes de estudios de secundaria en España, previos a los estudios universitarios. En este sentido, ruego al lector que pretenda leer todo el libro que no se desanime ante las dificultades, las cuales, al entender del autor, se encuentran en los primeros capítulos, por ser los de más calado filosófico. El tener presente estos destinatarios obedece a que son ellos los que acostumbran a ejercer su reflexión y sus dudas sobre Dios, especialmente los cristianos que suelen tener más contacto con otras ideas distintas de las que él confiesa.También ha determinado en buena medida la selección de los contenidos de este libro, que tiene una trabazón interna, pese a la amplia gama de temas tratados; pero este hecho no impide que el lector pueda dejar de leer aquellos capítulos que le parezcan menos interesantes o más dificultosos. Muchas páginas de esta obra, por la naturaleza de la misma, tienen a veces un marcado carácter historicista, lo cual también permite al lector informado no entretenerse en demasía, aunque la exposición histórica de algunos contenidos se lleva a cabo para argumentar e ilustrar mejor aquello sobre lo cual se está debatiendo, algo que se hará patente a lo largo de las páginas que siguen. Algunas consideraciones de especial dificultad han sido agrupadas en cuadros y tablas que no son necesarios para la lectura normal del libro (eso no supone que todos los cuadros y tablas del libro obedezcan a ese motivo, sino al criterio de hacer más fluida la lectura).

La segunda pregunta importante es: ¿con qué mapa ideológico se recorre ese camino? Este libro se escribe desde una postura cristiana, no desde un lugar equidistante. Y es que es imposible ser neutral en ningún tema, como algunos pretenden, y mucho menos en el de la fe. Dicho de otro modo: nadie piensa ni escribe sin presupuestos, sin prejuicios. El ideal ilustrado de que se puede pensar por la sola razón, sin ningún tipo de juicio previo, es imposible. Todos estamos condicionados por nuestras circunstancias sociales, históricas, familiares, religiosas, etc. Pretender salir de la condición de creyente para escribir un libro sobre la creencia en Dios es tan absurdo como pedir a un español de nacimiento y habitante de España que escriba un libro sobre su país como si no fuera español y nunca hubiera estado allí. Es vidente que un creyente y un no creyente no verán las cosas del mismo modo respecto a los mismos temas1. Pero esto no significa que todos los presupuestos sean iguales, sin posibilidad de contrastarlos. Por ejemplo, el que admita la posibilidad a priori de los milagros podrá creer o no en ellos, pero, como mínimo, podrá someterlos a examen; el que de entrada no los admita, jamás podrá someter a examen la resurrección de Cristo, pero podrá, en el diálogo, poner a prueba la naturaleza de sus presupuestos. Por esta razón, el partir de presupuestos distintos no anula la posibilidad del diálogo con el que no cree, contrariamente a lo que sugiere una postura presuposicionalista, como la de Cornellius Van Til2; se puede intentar ejercer el pensamiento en diálogo con el otro y poner a prueba los presupuestos de ambos. Siguiendo con el mismo ejemplo, en un diálogo se pueden ofrecer argumentos sobre la posibilidad a priori y a posteriori de los milagros y las razones históricas y escriturales a favor de la resurrección, de modo que el que antes veía absurdos y contradicciones en los hechos y en los textos, puede cambiar de opinión. Muchos escépticos han conocido a Dios a través de la reflexión y el diálogo. Para el creyente también es un reto poner a prueba sus creencias, examinar si hay suficientes argumentos para creer en la resurrección de Cristo y en la veracidad de los relatos de los evangelios.

1 Para este tema véase C.S. Evans, Filosofía de la religión, ed. Mundo hispano, Texas, 1990, y, de modo más extenso, del mismo autor, The Historical Christ and The Historical Jesus, Oxford U.P., 1996, donde dedica extensas páginas al tema de la filosofía de la religión y de la epistemología.

2 Véase su obra The Defense of The Faith, Presbyterian and Reformed Publis- hing Co., New Jersey, 1967.

El autor rechaza también el evidencialismo3 que considera que el teísmo y el cristianismo pueden demostrarse como una verdad objetiva, en el sentido de indudable para todos, siguiendo los mismos procedimientos de la ciencia, aunque de forma poco rigurosa en la mayoría de los casos. Por esta razón, el lector no va encontrar listas demoledoras de pruebas o evidencias de la existencia de Dios, sino, más bien, un intento de reflexionar sobre las creencias y las objeciones poniendo a prueba su valor y sus presupuestos. Todo ello sin olvidar que, en último término, necesitamos de la asistencia del Espíritu de Dios para llegar a la verdad, algo que, obviamente, no aceptará el que no cree, aunque el influjo del Espíritu pueda ejercerse independientemente de que creamos o no creamos en su asistencia. Esperemos que este libro pueda ser un instrumento en sus manos.

La tercera cuestión importante tiene que ver con la manera de acercarse al tema. Hay muchas maneras de hacerlo. Nosotros lo haremos a través de la filosofía de la religión. Su cometido es la reflexión acerca de la religión de modo crítico, preguntándose por su legitimación y reflexionando acerca de sus contenidos. En este sentido hay que diferenciarla de una filosofía religiosa en la que lo que se pretende es desde dentro de la religión reflexionar y dar respuestas de carácter religioso a preguntas religiosas. En cambio, como dice Evans, «la filosofía de la religión no es tanto pensamiento religioso como pensamiento acerca de la religión, un pensamiento que puede ser llevado a cabo tanto por las personas religiosas como por las no religiosas»4.

3 Esto no es obstáculo para considerar que entre estos autores que podríamos calificar de evidencialistas hay plumas de gran valor, como F. Schaeffer, J. Mc-Dowell y W. Craig. El grado de evidencialismo y de profundidad es distinto entre estos autores y otros no mencionados. Pero, desgraciadamente, el mundo evangélico de habla hispana está siendo invadido por toda una literatura evidencialista (no de origen hispano) de baja calidad.

4 Evans, Filosofía de la religión, p.15.

Esta reflexión se ejercerá sobre la religión cristiana, sobre los ámbitos en que la teología se acerca al tema de la existencia de Dios, lo que generalmente se hace desde una doble estrategia. En primer lugar, a partir de la teología natural, que consiste en intentar exponer lo que podemos conocer de Dios al margen de una religión concreta, es decir, desde fuera. El teólogo, apoyándose en la teología natural, pretende demostrar, o al menos mostrar, la coherencia de creer en la existencia de Dios y de sus atributos. La teología natural pretende llevar a cabo este empeño mediante argumentos tomados de la razón y de la experiencia del hombre. Muchos teólogos han rechazado las pretensiones de la teología natural argumentando que la manera de conocer a Dios es a través de su propia revelación. La segunda línea de estrategia consiste, pues, en la revelación especial o positiva de Dios, que pretende fundamentar la existencia de Dios y sus atributos a partir de los contenidos de la religión que confiesa el teólogo, mediante los hechos especiales de Dios (como los milagros) y, especialmente, los escritos que considera que son revelación divina; es decir, la reflexión sobre Dios y sobre la religión el teólogo la lleva a cabo desde dentro de la propia religión. La revelación positiva nos dice además que es lo que este Dios demanda de nosotros, algo que la revelación natural no puede ofrecer, al menos de manera exhaustiva.

Los dos ámbitos que hemos diferenciado pueden englobarse bajo el título inclusivo de teísmo. El teísmo es la creencia en un sólo Dios (monoteísmo) y es el concepto que prevalece en tres de las religiones más grandes del mundo: cristianismo, judaísmo e Islam. También aparece en poetas y pensadores paganos, como Jenófanes, en su crítica al politeísmo y a sus dioses antropomórficos. El teísmo considera, además, que Dios es un ser perfecto e ilimitado. En realidad ambas palabras designan lo mismo: un ser al que no le falta nada, que no está limitado por nada en el sentido de que todo lo tiene en sí mismo y de que no necesita de nada fuera de él. Este concepto general se traduce en una serie de otros conceptos que particularizan o concretan el sentido de este concepto tan general (aunque algunos de ellos deberían ser matizados –algo que haremos en algunos casos a lo largo del libro– por toda la carga tradicional de la herencia de la filosofía griega) y que aquí sólo vamos a mencionar: es digno de adoración, es omnipotente, es omnisciente, es moralmente perfecto, es un ser necesario, es un ser personal, es un ser que actúa, es espíritu, es eterno, es inalterable.

Esta obra pretende mostrar hasta qué punto es razonable el teísmo. Pero no tiene todas sus pretensiones. En general, el teísmo pretende mostrar la existencia de Dios y sus atributos; este libro se centra en la primera cuestión, aunque inevitablemente aparecerá a veces la segunda. El autor de este libro, además, parte de una concepción teísta concreta: la del cristianismo; por tanto, su interés no está tanto en abordar la coherencia del teísmo en general como la del cristianismo. Nuestro acercamiento se hará seleccionando y ejerciendo el diálogo crítico con algunos de los contenidos de la teología, tanto natural como revelada, considerando la validez de sus pretensiones, buscando discutir estos presupuestos, pero también considerando los presupuestos de los que niegan tales pretensiones. No se pretende, pues, discutir los temas que formarían parte de un manual clásico del tema, sino comentar algunos de los puntos que forman parte del debate.

La obra tiene dos partes principales. En la primera parte trataremos de si podemos conocer la existencia de Dios a partir del conocimiento que el hombre tiene de su mundo y de sus razonamientos; en la segunda, de la revelación cristiana. En la primera parte, analizaremos, en una primera sección, los argumentos tradicionales sobre la existencia de Dios y sus críticas. Después, en la sección segunda, nos centraremos en cómo dos de estos argumentos, los que dependen de la experiencia (el cosmológico y el teleológico), han sido puestos todavía en más aprietos por el impacto de las ciencias empíricas. En los siguientes capítulos, que forman la tercera sección, veremos cómo el materialismo y el naturalismo que surgen de una interpretación omnicomprensiva de las ciencias empíricas posibilita también, entre otras razones, la crítica a la idea misma de Dios que es el núcleo esencial del argumento ontológico. Veremos así las críticas al Dios cristiano por Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud. Como conclusión de esta primera parte del libro, llegaremos al resultado de que el conocimiento natural que pretende la teología natural no puede llevarnos al conocimiento de Dios, aunque sí presenta argumentos razonables que nos llevan a la necesidad de inquirir más sobre Él.

Para ello será necesario adentrarnos en temas relacionados con la teología revelada, es decir, con el conocimiento que supuestamente Dios ha dado de sí mismo. La segunda parte del libro comenzará con una sección dedicada al análisis de la existencia de Jesús, así como de las fuentes que poseemos sobre su figura histórica, considerando hasta qué punto las fuentes del Nuevo Testamento, en especial las de los evangelios, son fiables. En una quinta sección nos centraremos en si el Jesús de los evangelios es el Jesús real, y no una distorsión o invención de su figura, dedicando un buen espacio a la posibilidad a priori de los milagros para después encarar el milagro de la resurrección. Desde la perspectiva de la revelación, analizaremos en último lugar, formando la postrera sección, el problema del mal. Después, como conclusión, tendremos que hacer un balance final del camino recorrido en todo el libro.

Por último, debemos advertir que algunos de los puntos de vista del autor sobre la manera de abordar estos debates (el rechazo del evidencialismo, la defensa del diálogo) no pueden ser justificados aquí, así como tampoco pueden ser analizadas otras cuestiones como la relación razón-fe, el porqué no creen los que no creen, etc. Tal esfuerzo requeriría otra obra para ser llevado a buen fin, también el pretender justificar de modo completo esa ausencia. Baste lo apuntado aquí y a lo largo de la obra.

 

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